
David Pavón-Cuéllar
¿Qué ocurrió el 11 de septiembre de 2001? ¿Una venganza o castigo por las afrentas al mundo musulmán? ¿Un autoataque del complejo gubernamental e industrial-militar para justificar futuras intervenciones imperialistas estadounidenses? ¿O quizás otra vez los monstruos volviéndose contra sus monstruosos creadores? Cada posibilidad es admisible, pero sólo a título de conjetura, pues aquí, ante los atentados terroristas del 11S, no sabemos nada con certeza.
Lo que sabemos con certeza es que 28 años antes de los atentados, el 11 de septiembre de 1973, Estados Unidos consumó una de sus mayores infamias contra nuestros pueblos de América Latina. Sabemos que instigó, asesoró y apoyó a los militares chilenos que ese día perpetraron su golpe de estado, bombardeando el palacio presidencial para luego lanzarse a secuestrar, violar, torturar, asesinar y desaparecer a miles de nuestras hermanas y nuestros hermanos de Chile. Sabemos que el presidente de aquel país, con tanta dignidad como ternura, portaba el fusil que le regaló Fidel. Sabemos que los anteojos de Allende se rompieron, que su vida y su fuerza fueron sofocadas, que su voz tan clara y potente fue acallada, pero que antes alcanzó a recordarnos que «la historia es nuestra y la hacen los pueblos».
También sabemos que la voz de Allende resonó y sigue resonando en Santiago de Chile. Sabemos que ahí mismo, en 1541, los indígenas picunches dirigidos por Michimalonco destruyeron la recién fundada ciudad española de Santiago del Nuevo Extremo. Fue precisamente un 11 de septiembre.
Quizás los picunches presintieran todo lo que pasaría después. Tal vez intentaran evitarlo. ¿No habría sido lo mejor? Esto no es posible saberlo.
No sabemos lo que habría podido ser otra historia. Tampoco sabemos lo que se nos oculta en las maniobras para desposeernos de la única historia: la que es nuestra y hacemos como pueblos. Ni siquiera sabemos todo lo que ha ocurrido en esta historia. En lo que nos concierne, es muy poco lo que nos es dable saber con certeza. Es por esto que hay que saberlo.