
Traducción en español de la entrada “Civilization”, incluida en el Contradictionary: An Almanac of Resistance (pp. 53-54), coordinado por Bernd Herzogenrath y Nicol A. Barria-Asenjo y publicado en 2026 en Londres por Open Humanities Press
David Pavón-Cuéllar
Los ilustrados europeos del siglo XVIII fueron los primeros que hablaron de civilización. El concepto se asoció primero con la religión como freno de la humanidad en Victor Riquetti de Mirabeau, luego con la madurez humana que deja atrás la infancia en Adam Ferguson y finalmente con el progreso que supera la barbarie en Nicolás de Condorcet. Estas primeras ideas sobre la civilización condensan un momento de la dialéctica de la ilustración: la humanidad civilizada es la que ha progresado y madurado, pero al refrenarse, al sofocarse, al reprimir en ella lo que se manifestaba en su infancia, lo cual se connota negativamente como barbarie.
Los bárbaros pasan a encarnarse en los no-europeos concebidos como salvajes, primitivos, incivilizados. Civilizarlos exige entonces europeizarlos, colonizarlos, asimilándolos a Europa como sinónimo de la civilización. El pretexto civilizatorio sirve para disimular el verdadero propósito del colonialismo de los siglos XVIII, XIX y XX: el de saquear y explotar a los colonizados para enriquecerse y empoderarse a costa de ellos.
Los colonizadores pueden hacerse pasar por civilizadores sobre la base de la idea etnocéntrica de la civilización como una sola y europea. Esta idea será criticada en la primera mitad del siglo XX y cederá su lugar a la noción de las “civilizaciones” en plural. Una vez que se acepta que hay civilizaciones diferentes de la europea, Europa ya no puede colonizarlas con el pretexto civilizatorio, pero sí puede continuar empleando este pretexto ideológico al colonizar culturas que no son reconocidas como civilizaciones, es decir, las más igualitarias y respetuosas de la naturaleza.
La desigualdad, la destrucción de los ecosistemas naturales y otros grandes problemas de la humanidad se condensan, disimulan, justifican y ennoblecen en el concepto de “civilización”. Para que haya una civilización, deben cumplirse condiciones tan problemáticas y peligrosas como el desarrollo tecnológico, la sedentarización de la población, la existencia de grandes núcleos urbanos, la división del trabajo, la acumulación y concentración de la riqueza, la estructura de clases y la organización del Estado. Todo esto hace que la civilización favorezca la dominación, la opresión y la represión, la explotación y la devastación del planeta.
El alto precio de la civilización para la humanidad ha sido ignorado por el positivismo y por otros pensamientos celebratorios ante lo existente. Por el contrario, el psicoanálisis lo ha reconocido y enfatizado, considerándolo una fuente inevitable e inagotable de malestar. Esto hace discrepar al psicoanálisis del marxismo, el anarquismo, el anticolonialismo y otras perspectivas críticas en las que los problemas de la civilización pueden superarse porque no radican en ella misma, sino en su versión moderna capitalista occidental y en las dominaciones patriarcal, estatal, de clase, capitalista y colonial.
Algunos de los más graves problemas de la civilización occidental, como el capitalismo y el colonialismo, desaparecen detrás del concepto mismo de civilización en perspectivas como la de Samuel Huntington. Para este autor, los principales conflictos de la humanidad habrían sido ideológicos en el siglo XX y luego serían entre las nueve civilizaciones que él distingue en términos religiosos: subsahariana, latinoamericana, china, hindú, budista, nipona, occidental, ortodoxa e islámica. Primero las ideologías y luego las civilizaciones y las religiones le sirven a Huntington para encubrir contradicciones fundamentales como las existentes entre las clases sociales, entre el Norte Global y el Sur Global o entre el capitalismo y la vida humana, animal y vegetal.