
Intervención en la Formación Internacional “Del Trauma Psicosocial al Trauma Psicopolítico” de la Cátedra Libre Martín-Baró de Bogotá, Colombia, 15 de mayo de 2026
David Pavón-Cuéllar
Los poderosos que predicen y prescriben
El futuro de Palestina es un tema de interés general. Expertos, periodistas, empresarios y políticos escrutan sus bolas de cristal para saber qué pasará mañana entre el Río Jordán y el Mar Mediterráneo. Todos lo ignoran, pero los más poderosos de ellos tienen algo de profetas.
La profecía es aparentemente uno de los poderes de los poderosos. Los personajes bíblicos Moisés, Josué, Samuel, David y Nehemías eran líderes porque tenían dotes como las proféticas. Los poderosos de ahora, como Trump y Netanyahu o Jared Kushner y Peter Thiel, pretenden predecir los acontecimientos no porque tengan una comunicación en línea directa con la divinidad, sino porque tienen tanto poder que terminan creyéndose algo así como Dioses tan omnipotentes como omniscientes.
Los actuales poderosos piensan que su poder es tan grande que les permite conocer el futuro al decidirlo y provocarlo. No hablan entonces de lo que puede suceder, sino de lo que debe hacerse que suceda. El tono es prescriptivo sin dejar de ser predictivo.
Los poderosos predicen en la medida en que son como Dioses cuyo poder puede hacer que suceda lo que predicen, pero también prescriben lo que predicen porque su omnipotencia está limitada por la de otros poderosos a los que deben convencer y con los que tienen que negociar. Digamos que se trata de un régimen politeísta y no monoteísta. Ni siquiera Trump tiene tanto poder que pueda predecirlo todo, sino que debe persuadir a los demás Dioses para que acepten lo que él prescribe.
Soluciones para Palestina
El caso es que los poderosos predicen y prescriben un futuro para Palestina. En lo que se refiere a la Franja de Gaza, es una letanía de soluciones en las que se dice lo que habrá que hacerse para lograr la paz tras limpiar los escombros y los cadáveres. Habrá que desarmar a Hamas y evitar que retorne al poder. Habrá que desplegar fuerzas internacionales de estabilización. Habrá que emprender una masiva reconstrucción financiada y supervisada internacionalmente, pero liderada por Estados Unidos.
Hay también soluciones finales, como aquella que nos dice que habrá que reubicar a los palestinos de Gaza en otros países. Es eso que el gobierno israelí describe con el eufemismo de “emigración voluntaria”, pero que ha sido ampliamente denunciado por la comunidad internacional como un intento de limpieza étnica mediante el desplazamiento forzoso. La idea es alejar a los palestinos de sus tierras para que dejen de importunar a quienes ocuparon esas tierras.
Los ocupantes, los israelíes, ya identificaron a países receptores, como Somalia y Sudán, a los que han ofrecido compensaciones económicas y diplomáticas para que acepten a la población de Gaza. Los palestinos aparecen así a los ojos de los israelíes como desechos por los que debe pagarse para deshacerse de ellos. El destino de los desechos, el vertedero, es aquí tan acogedor como Sudán y Somalia, dos países pobres e inestables, el primero de ellos con centenares de muertos por la desnutrición y la guerra civil. Este futuro es el que reserva Israel para los palestinos con mejor suerte, aquellos a los que no asesinó, aquellos a los que solamente despojó, empobreció, hambreó, mutiló y desalojó de sus pueblos, de sus casas y de sus territorios.
Robo del futuro
Entre lo que Israel ha robado a los palestinos, está el horizonte del futuro. No parece haber un futuro paraPalestina. Es como si Palestina desapareciera del futuro que se piensa para ella, un futuro en el que no queda rastro de ella, en el que ella cede su lugar a otra cosa, ya sea Israel o el capital. Hay aquí dos futuros posibles para Palestina: dos futuros que parecen corresponder a Gaza y Cisjordania.
Un futuro posible para Palestina, el vislumbrado en Cisjordania, es el de sacrificarse, desaparecer y dejarse reemplazar por lo más adverso, por el enemigo, por Israel. Es lo que ocurrirá si los asentamientos de colonos israelíes en Cisjordania continúan multiplicándose y expandiéndose, acorralando y despojando a los palestinos, haciéndolos retroceder y contrayendo cada vez más los trozos de sus territorios a los que se aferran con desesperación. Al final, en el futuro, no quedarán de Palestina más que ruinas de casas y aldeas como las que aún pueden encontrarse en algunos parajes de ese gran botín de guerra, de ese trofeo territorial, de ese país robado llamado “Israel” por sus ladrones.
Otro futuro posible para Palestina, el que se ha evocado para Gaza, es el del proyecto de Nueva Gaza de Trump y su yerno Jared Kushner. Es la disolución del territorio en el dinero, en el capital, en capitales turísticos e inmobiliarios que se desplegarán en un enorme complejo hotelero y residencial con rascacielos y zonas de lujo en la costa. Como lo han dejado claro los promotores de este futuro, no habrá lugar aquí para los palestinos, pero tampoco para todo lo que es Palestina con sus estilos de vida, con sus creencias y tradiciones, con sus olivos y sus mezquitas.
No hay lugar para Palestina en ninguno de los dos futuros que se reservan para ella. Se anuncian como futuros para Palestina, pero son futuros para Israel y para el capital, para el sionismo y para el capitalismo. Son futuros que excluyen un futuro para Palestina.
Los palestinos carecen de futuro en los planes del poder. En estos planes, el futuro no les pertenece a los palestinos, a quienes habrán de vivirlo, sino a quienes lo robaron, quienes ahora lo prescriben y predicen, quienes creen ser como Dioses. El futuro de Palestina pertenece a los poderosos con sus planes de reconstrucción, reconciliación, estabilización, desarme de Hamas, limpieza étnica y desplazamiento de la población a Sudán o Somalia.
Cada solución de los poderosos para Palestina delata la desposesión del futuro de la que son víctimas los palestinos. Esta desposesión hace que los desposeídos queden atrapados en su presente en ruinas, en su presente de escombros y duelos, en un presente sin futuro. El único futuro que se les ofrece es uno sin ellos, uno en que ellos no están considerados, uno en que literalmente no hay lugar para ellos como palestinos, pues no hay Palestina, sino sólo el capital o Israel.
Futuro interior
Tal parece que el capitalismo y el sionismo, a través de los poderosos a los que dan su poder, han desposeído totalmente a los palestinos de su futuro. Pareciera que no hay un mañana para Palestina, pero quizás la apariencia nos esté engañando. Puede ser que sí haya un porvenir para los palestinos, que no hayan sido tan desposeídos, que algo conserven del futuro.
En primer lugar, los palestinos han conseguido conservarse a sí mismos como palestinos, como indígenas de Palestina, como seres de un territorio, con sus raíces en el territorio, con el territorio en su tronco, en sus ramas, en sus hojas. Digamos que guardan en el interior aquello de lo que se les ha desposeído en el exterior. Aunque se les despoje de todo lo demás, aquellos que sobrevivan como palestinos serán aquellos a los que no se les habrá arrebatado lo que son, lo que piensan y sienten, lo que sueñan y esperan, lo que desean y aquello por lo que luchan. Todo esto es también Palestina y puede ser un futuro de Palestina.
Palestina seguirá viva en los palestinos, en lo que vivan como palestinos, en lo que sientan como tales. Tal vez Palestina se preserve en el dolor, en un duelo interminable, o quizás en la persistencia del rencor, del empeño de no perdonar lo imperdonable a quienes de cualquier modo ni siquiera se dignan a pedir perdón. Puede ser que el rencor se torne violencia y entonces Palestina vivirá en la intifada, vivirá en la guerra santa contra Israel, vivirá en el terrorismo, vivirá en la muerte de israelíes quizás inocentes.
La muerte del otro puede ser una forma de vida para aquellos, como los palestinos, a los que no se les ha permitido vivir de otro modo. Para mantenerse con vida, un ser acorralado por sus verdugos necesitará matar. Quizás mucho de lo que es Palestina tendrá que dar muerte a lo que le impide mantenerse con vida.
Puede ocurrir incluso que algún día la violencia palestina sea como la israelí, que sea la repetición y continuación de la violencia que se ha sufrido, que haya entonces una suerte de identificación con el enemigo. Así como el nazismo ha renacido en el sionismo, de igual modo el sionismo podría tomar la forma de un ismo palestino tan despiadado como el israelí. Tendremos entonces algo palestino que habrá tenido que traicionarse, contradecirse y desfigurarse hasta dejar de ser lo que es para seguir existiendo, tal como el judaísmo que se perdió como tal, como judaísmo, para existir bajo la forma patológica monstruosa del sionismo.
En realidad, el judaísmo no se perdió completamente en su patología sionista, sino que ha conseguido seguir viviendo al perseverar en su propio ser, al preservar su esencia cosmopolita, universal y liberadora que adopta hoy en día posiciones explícitamente antisionistas. Lo mismo puede ocurrir en el futuro con Palestina si continúa manteniéndose fiel a sí misma y resistiendo con toda la fuerza, la tenacidad y la firmeza del sumud. Veremos entonces cómo los olivos retoñarán, volverán a extender sus ramas y darán sombra y frutos en la tierra que siempre será de ellos mientras ellos hundan sus raíces en ella.
Futuro en la victoria y en la derrota
En el futuro como en el presente, una victoria contundente de los palestinos sobre los israelíes habrá de ser la de estar ahí con sus olivos. Será la victoria de permanecer erguidos por más que se les corte y se les derribe. Será la victoria de mantenerse arraigados en las tierras de las que se les quiere arrancar por todos los medios. La victoria de los palestinos será la de no morir, la de seguir vivos, la de sobrevivir a pesar de todo lo que se ha hecho por acabar con ellos.
La victoria de sobrevivir será uno de los futuros de los palestinos. El otro futuro, el que ha sido conocido por decenas de miles de palestinos desde 2023, será la derrota de sucumbir, de ser asesinado por los israelíes, pero incluso esta derrota podrá ser un futuro para Palestina. Será el futuro de la falta y el dolor, el del recuerdo y el duelo, el de la huella y el vacío que se dejan en el mundo.
Aunque asesine a 70,000 palestinos en tres años, el régimen genocida israelí no tiene armas para eliminar de modo retroactivo la existencia de los asesinados. No tiene manera de acabar con lo que fueron al borrar las huellas y los recuerdos que dejaron. Tampoco puede suprimir sus ausencias ni llenar los huecos en que no están.
Los huecos y los recuerdos, las huellas y las ausencias, constituyen también un futuro para Palestina, un futuro espectral, quizás triste, pero también potente para lo que sigue presente y vivo. La vida puede vivir también del abono de lo que ha muerto. La presencia puede presentar la ausencia y sostenerse en ella.
El futuro de Palestina tendría que durar al menos el tiempo necesario para olvidar a los ausentes, para vengar sus muertes, para terminar los duelos, para llenar los huecos, para volver a edificar las mezquitas, para que los olivos milenarios vuelvan a tener la edad que tuvieron cuando fueron cortados por los israelíes. Es por miles de años que debería contarse el futuro de Palestina. Quizás incluso debería durar más: el tiempo del odio, el tiempo del rencor, el tiempo necesario para perdonar lo imperdonable.