¿Por qué, para qué y de qué modo relacionar el marxismo con el psicoanálisis? Intentando responder en diez minutos

Intervención en la sesión del martes 1 de septiembre de 2026 del Grupo de Trabajo (GT) de Marxismo y Psicoanálisis de la Red Interamericana de Psicoanálisis y Política (RedIPPol)

David Pavón-Cuéllar

¿Por qué?

1) Porque los marxistas y los freudianos han molestado a los mismos burgueses, porque han sido repudiados por los mismos fascistas y cientificistas, porque sus libros han sido prohibidos por los mismos censores y han ardido en las mismas hogueras.

2) Por fidelidad a los freudomarxistas del pasado, porque fueron de los freudianos aquellos que se opusieron más decididamente al fascismo y al imperialismo, porque fueron los primeros que denunciaron la degradación del psicoanálisis que se adaptaba, se aburguesaba y se psicologizaba.

3) Porque no puede ser casualidad que el psicoanálisis adaptado, aburguesado y psicologizado fuera el más hostil a los marxistas. Porque tampoco puede ser casual que el marxismo estalinista fuera el que persiguiera y proscribiera a los psicoanalistas.

4) Porque la sensibilidad psicoanalítica le recuerda lo erótico a los marxistas cuya sensibilidad les recuerda lo político a los freudianos.

5) Porque el psicoanálisis escucha el rumor deseante y pulsional callado por el marxismo, el cual, a su vez, entrevé la trama cultural-histórica y socioeconómica invisibilizada por el psicoanálisis.

¿Para qué?

1) Para que el marxismo y el psicoanálisis dejen de confirmarse y reconfortarse cada uno a sí mismo, para que se inquieten y se desestabilicen recíprocamente, para que no se cierren cada uno sobre lo que ya es, para que se abran y se descompleten cada uno bajo el efecto del otro.

2) Para que ni el psicoanálisis ni el marxismo se traicionen al erigirse cada uno como cosmovisión, como Otro del Otro, como una ilusión de metalenguaje o metanarrativa.

3) Para contar con Marx al historizar y colectivizar la herencia de Freud. Para contar con Freud al histerizar y subjetivar la herencia de Marx.

4) Para prevenir, con sensibilidad freudiana, el anquilosamiento, la burocratización y las derivas despóticas del marxismo. Para prevenir, con sensibilidad marxista, el aburguesamiento, la psicologización y las derivas liberales y neoliberales del psicoanálisis.

5) Para adoptar el punto de vista del marxismo al cuestionar a las organizaciones psicoanalíticas en sus estructuras verticales y jerárquicas, en sus lógicas autoritarias y antidemocráticas, en su defensa de privilegios profesionales, en su negación del problema del pago en psicoanálisis y en su complicidad estructural con el sistema capitalista. Para situarse en la perspectiva del psicoanálisis al oponerse al marxismo cuando se vuelve contra el sujeto, contra su deseo y contra su diferencia absoluta.

6) Para vacunar psicoanalíticamente al marxismo contra su fantasía de ser una ciencia objetiva. Para que el marxismo inmunice al psicoanálisis contra su ilusión de ser apolítico y tener una validez universal transcultural y transhistórica.

¿De qué modo?

1) No empezar desde cero. No dejar atrás lo que ya se ha hecho en más de un siglo de historia de aproximaciones entre el marxismo y el psicoanálisis. No olvidar aportes como los del freudomarxismo austro-alemán y soviético, los del surrealismo francés y checo, los del psicoanálisis marxista latinoamericano, los del althusserianismo y el marxismo lacaniano. Conocer y continuar estos aportes, reinterpretarlos y renovarlos al contextualizarlos, quizás filtrarlos y reorientarlos, pero no simplemente hacer como si no hubieran existido.

2) No sociologizar el marxismo ni psicologizar el psicoanálisis. No realizar una división frankfurtiana del trabajo donde lo social, racional e instrumental sea para los marxistas, y lo individual, irracional y comunicacional para los freudianos. Recordar que estas dicotomías son problematizadas tanto por el marxismo como por el psicoanálisis.

3) No aspirar a la integración-totalización freudomarxista bajo un supuesto de complementariedad entre las perspectivas marxiana y freudiana. Tener claro que el marxismo y el psicoanálisis, lejos de completarse, deberían descompletarse o al menos mantener cada uno su incompletud. Comprender que la suma de los no-todos no debe dar lugar a un todo, que el resultado puede y debe permanecer incompleto, abierto, no-todo, para no traicionar a cada uno de sus componentes.

4) Articular aquello que no puede integrarse. No proceder como Fromm cuando integra las estructuras instintiva y socioeconómica en la configuración pulsional. En lugar de completar al complementar, mejor complicar y explicar, tal como lo hacen Adler, Bernfeld y Audard al entrever en el interior una infraestructura pulsional de la infraestructura económica, pero sin dejar de ver en el exterior, como Reich y Fenichel, exactamente lo contrario: la economía en la base de las pulsiones.

5) Resistirse a la tentación del imperialismo teórico marxista o psicoanalítico. No colonizar y anexar el marxismo al psicoanálisis ni tampoco hacer lo contrario. No incluir ni el discurso freudiano en el materialista histórico del marxismo, como lo hace Tort, ni el marxista en una lógica psicoanalítica del significante, como lo hace Miller.

6) Evitar la traducción unidireccional del marxismo en el psicoanálisis. No sólo hacer lo que siempre se hace, traducir a Marx en freudianés o en lacanés, sino empezar a traducir a Freud y a Lacan en términos marxianos y marxistas. Anudar y entretejer las traducciones mutuas. Permitir la compenetración entre los discursos.

7) No adoptar únicamente la perspectiva del psicoanálisis o del marxismo. No revisar tan sólo una perspectiva desde la otra. No repetir los revisionismos unilaterales, ya sean marxistas, como los de Politzer o Voloshinov, o freudianos, como los de Eastman y De Man. Si estamos en el campo lacaniano, ya no limitarnos a leer a Lacan y al Marx de Lacan, sino leer a Marx y releer con él a Lacan para descubrir a un Lacan de Marx. Comenzar a marxizar a Lacan y no solamente lacanizar a Marx como en la izquierda lacaniana.

8) En lugar de buscar similitudes entre el marxismo y el psicoanálisis, mejor encontrar coincidencias. Constatar, por ejemplo, que ambos comparten el materialismo y el monismo a los que se refieren Luria y los surrealistas, que ambos tienen una perspectiva dialéctica e histórica enfatizada por Bernfeld y Fenichel, que ambos reconocen el aspecto desgarrado y conflictual de la subjetividad al que se refieren Voloshinov y Althusser, que ambos ofrecen ciencias paradójicas de lo forcluido por la ciencia como en Miller, que ambos incluyen teorías del sujeto como en Badiou, que ambos constituyen retornos críticos de la modernidad sobre sí misma como en Touraine.

9) Al relacionar los campos marxista y psicoanalítico, razonar de modo lógico lacaniano y no analógico hermenéutico: no con analogías, sino con homologías, con identidades estructurales y no con simples similitudes formales. Por ejemplo, en lugar de imaginar semejanzas entre el lenguaje y la economía, constatar que el sistema capitalista de Marx es una modalidad histórica del sistema simbólico de Lacan, el cual, en la modernidad, va quedando realmente subsumido en el capitalismo.

10) Admitiendo que se trata de lo mismo en el marxismo y en el psicoanálisis, evitar enredarse al conectar exteriormente lo mismo con lo mismo. No establecer ninguna conexión externa, sino desentrañar las relaciones internas entre los campos marxista y psicoanalítico. No suponer que uno puede ser el metalenguaje del otro.

11) Asumir que los discursos marxista y psicoanalítico transcurren en un mismo plano que se tuerce hasta invertirse al pasar de un discurso al otro. La infraestructura económica exterior, por ejemplo, se convierte en superestructura psíquica en el interior. Volver a pensar en esto, en lo que ya pensaron antes Reich y Fenichel, a través de topologías de una sola superficie como las de la cinta de Moebius y la Botella de Klein.

12) Al representarse topológicamente lo simbólico lacaniano de la homología, no dejar de percibir lo real de la heterología en Bataille. Vislumbrar aquí el abismo de la no-relación sexual, la falta de relación exterior en la identidad interior, lo éxtimo en lo íntimo, el desconocido que nos mira en el espejo, lo unheimlich u ominoso en lo más familiar. En este abismo que se abre entre lo mismo y lo mismo, lanzar puentes como los de Páramo Ortega y Herrera Guido en el psicoanálisis marxista mexicano. Entender que no se trata sino de suturar, unir, zurcir los dos bordes u orillas de una herida.

13) Entre los bordes marxiano y freudiano, evitar la aproximación puramente especulativa, teórica, idealista, con sus efectos de identificación imaginaria especular. Diferenciar prácticamente las herencias teóricas homológicas de Freud y Marx. Darles papeles distintos en una estrategia política. Por ejemplo, adoptar el psicoanálisis tan sólo como un medio, como un método, para fines predefinidos por el marxismo.

¿Hay un Lacan de Marx además del Marx de Lacan?

Presentación del Vocabulario Marx avec Lacan (París, Stilus, 2024) en la Maison de l’Amérique latine, en París, el miércoles 12 de febrero de 2025

David Pavón-Cuéllar

Quiero dar las gracias a Diana Kamienny Boczkowski por organizar esta presentación. Gracias también a Jean-Pierre Cléro y Juan-Pablo Lucchelli por honrarnos con su presencia. Por último, gracias a Carlos Gómez Camarena por su esfuerzo y sus viajes para promocionar nuestro vocabulario.

He dedicado los últimos veinticinco años, diez de ellos con el valioso acompañamiento de Jean-Pierre Cléro, a estudiar cómo Jacques Lacan leyó a Karl Marx. Este estudio terminó colectivizándose y está en el origen del vocabulario que hoy estamos presentando en esta Casa de América Latina en París. Al igual que otros participantes en el Vocabulario, no dejo de sentirme fascinado por la lectura de Marx por Lacan. Sigo sorprendiéndome ante la originalidad y agudeza de esta lectura, ante su diferencia con respecto a cualquier otra lectura de Marx, ante las facetas cruciales de Marx que nos descubre y que las demás lecturas no habían siquiera sospechado.

La primera etapa de mi investigación estuvo centrada precisamente en aquello que sólo podemos conocer en Marx a través de su lectura por Lacan. Fue así como llegué al Marx al que ahora doy el nombre de “Marx de Lacan”. Si terminé llamándolo así, es porque muy pronto me percaté de que no sólo era el Marx de siempre en el que aparecían algunos aspectos revelados por Lacan, sino que era también otra cosa, otro Marx que era algo de Lacan. Lo que entendí es que se trataba de un Marx que sólo podía existir y revelarse a través de todo aquello que Lacan depositaba o proyectaba en él, es decir, todo aquello que había de Lacan en él. De ahí el nombre de Marx de Lacan.

El Marx de Lacan no puede comprenderse, ni siquiera vislumbrarse, más que a través de una inmersión en la teoría lacaniana. Tal inmersión ha sido la segunda fase de mi investigación. Sin embargo, avanzando en esta segunda fase, hubo algo que ocurrió y que me llevó a una tercera fase de la que hablaré ahora. Lo que sucedió es que me encontré con Marx en Lacan, así como antes me había encontrado con Lacan en su Marx.

Así como hay mucho de la teoría lacaniana en el Marx leído por Lacan, de igual modo hay mucho del pensamiento de Marx en la teoría lacaniana, lo cual, por lo demás, parece lógico, puesto que Lacan leyó mucho a Marx. Los textos de Marx han dejado una impronta profunda en Lacan, una impronta estructural y estructurante para la teoría lacaniana, lo que plantea la pregunta de si es correcto aceptar la existencia de un Lacan de Marx tal como se reconoce la existencia del Marx de Lacan.

Marx de Lacan

Para llegar a la cuestión del Lacan de Marx, permítanme primero volver al Marx de Lacan. Este Marx es el que tan sólo podemos descubrir a través de su lectura por Lacan. Se trata de un Marx de Lacan porque no existe por sí mismo, porque requiere ser leído por Lacan para existir al revelarse, porque su revelación y su existencia tienen lugar en su lectura por Lacan y a través de la teoría que la rige. Esta lectura de Marx por Lacan es reveladora, de hecho, no por ser transparente, no por mostrarnos a Marx detrás de ella, sino por su opacidad teórica en la que Marx aparece a través de su misma teorización por Lacan.

Lacan hace aparecer a su Marx al teorizarlo, al traducirlo teóricamente, y así, al traducirlo, traicionándolo. Por ejemplo, aunque Marx jamás dijera que su propósito era devolverle al esclavo el saber sustraído por el amo, nos enteramos de que fue así, de que de algún modo fue así en los términos de la teoría lacaniana, gracias la reveladora lectura de Marx por Lacan.

Lo que Lacan hace es leer con su teoría lo que sólo a través de ella puede revelarse, delatarse, traicionarse. Esta lectura procede así como una suerte de lapsus, de sueño, de síntoma. Digamos, en términos althusserianos, que es una lectura sintomática y no sólo una lectura sintomal, pues no sólo interpreta síntomas de Marx, sino que ella misma es como un síntoma, como un gran despliegue sintomático en el que retorna mucho de lo reprimido en Marx.

Lo que tenemos en el Marx de Lacan es el retorno de un Marx reprimido no exactamente por Marx, sino por lo que podríamos llamar su gran Otro, el sistema simbólico de su cultura y de su tiempo, con su discursividad moderna científica. El discurso universitario, por ejemplo, tan sólo podía conceptualizar el plus-de-gozar como plusvalor, como algo ya reprimido, algo ya simbolizado y valorizado, enunciable y mensurable, cuantificable y calculable. Sin embargo, Marx supo que había aquí algo más, lo supo de algún modo sin saberlo.

El no-sabido saber de Marx es lo que retorna sintomáticamente a través de la teoría lacaniana. Dejándolo retornar, Lacan logra mostrar algo insospechado en el pensamiento de Marx, tal como lo hace también con otros grandes pensadores a los que lee: Platón entreviendo la estructura del deseo, Pascal inaugurando el capitalismo, Descartes reconociendo la división del sujeto de la ciencia y el más sublime de los histéricos, Hegel, aclarando la operación de lo imaginario, del significante y del lenguaje. Estos filósofos habrían estado sin duda más que desconcertados al enterarse del saber que Lacan desentraña en ellos.

Marx también se habría sorprendido al conocer los mayores méritos que tiene para Lacan: llevar el análisis al nivel del significante, ser el primer estructuralista, demostrar que no hay metalenguaje, detectar la función del objeto a en su análisis del plusvalor, permitir que la verdad retorne en la falla del saber hegeliano, conocer ya el síntoma en el sentido psicoanalítico del término y ser un poeta que abrió un espacio para la relación sexual en la relación significante. Es muy significativo que estos méritos de Marx fueran también méritos de Lacan, méritos que Lacan se atribuyó a sí mismo. Es el caso de la poesía y el estructuralismo, el conocimiento del síntoma y el retorno de la verdad, la detección del objeto a y el reconocimiento de la falta de metalenguaje.

Lacan se parece demasiado a su Marx. Confirmamos así que se trata de su Marx, en el cual, recordemos, hay mucho de Lacan. Digamos que se trata de un Marx lacaniano.

Hacia el Lacan de Marx

Por más lacaniano que sea, el Marx de Lacan es Marx y nos revela aspectos insondables de Marx que no podemos conocer más que a través de él. A veces tuve incluso la impresión disparatada de que el Marx de Lacan es aún más Marx que el propio Marx. Es algo que me ha sucedido con otros autores de Lacan, entre ellos los ya mencionados Platón, Pascal, Descartes y Hegel. Es curiosamente lo mismo que me ocurre con autores leídos por Marx, los cuales, en su interpretación por Marx, me parecen más ellos mismos que sus propios textos.

Entre las coincidencias más interesantes entre Marx y Lacan, se encuentra esa fuerza de su lectura de otros autores a los que transfiguran por el mismo gesto por el que los devuelven a sí mismos. Las lecturas efectuadas por Marx y por Lacan son las más literales y rigurosas, las más fieles y simultáneamente las menos fieles a los autores leídos, lo que puede resumirse con el doble sentido que tiene la palabra “traicionar”, como ser desleal y delatar o revelar. Así como Lacan traicionó en ese doble sentido a Marx y a sus demás autores al leerlos, de igual modo Marx traicionó a muchas de sus referencias, desenmascarando a Smith como un genial científico-ideólogo burgués, a Hegel como el maestro del contorsionismo filosófico moderno al servicio del Estado, a Feuerbach como un materialista contemplativo, a Stirner y a Proudhon como portavoces del drama existencial de la pequeña burguesía, y así sucesivamente. Si estas caracterizaciones han dejado ya de sorprendernos, es porque han pasado al sentido común, pero nos permiten conocer mucho mejor a los autores a los que se aplican, descubriéndonos algo que no era patente ni siquiera para ellos y así transfigurándolos ante nosotros, convirtiéndolos en los autores de Marx.

Al igual que Lacan, Marx se apropió y transfiguró a cada autor al que leyó. Si hubiera leído a Lacan, seguramente lo habría convertido en otro Lacan, en su Lacan, en el Lacan de Marx, pero esto no sucedió. ¿Para qué hablar entonces de un Lacan de Marx?

Podríamos hablar de un Lacan de Marx primeramente para imaginar lo que habría sido si hubiera existido. Si Marx hubiera leído a Lacan, ¿de qué modo lo habría interpretado y qué habría pensado sobre él? ¿Cómo se lo habría apropiado y cómo lo habría transfigurado? ¿En qué lo habría convertido?

Para ir más allá de situaciones imaginarias hipotéticas, habría que pensar tal vez en la forma en que Lacan fue interpretado por aquellos de sus lectores que estaban, por así decir, poseídos por Marx. Pensemos, por ejemplo, en los casos contrastantes de Louis Althusser, Jacques-Alain Miller y Jean-Joseph Goux en la época de Lacan. Entre los años 1960 y 1970, estos autores adoptan claves interpretativas de Marx para leer a Lacan y es así como lo convierten de algún modo en un Lacan de Marx.

En otras palabras, Althusser, Miller y Goux subsumen a Lacan en Marx al emplear ideas marxianas para dar sentido a conceptos lacanianos. Althusser piensa en la relación con la ideología en Marx para entender lo imaginario en Lacan. Para situar lo real de Lacan, Miller deduce lo que sería la acción de la estructura en Marx. Goux recurre al dinero en Marx para conceptualizar lo simbólico en Lacan.

Al contrario de lo que suele imaginarse, Althusser, Miller y Goux no parten de Lacan para interpretar a Marx, sino que parten de Marx para interpretar a Lacan. Proceden así porque Lacan es la incógnita de su ecuación, mientras que Marx es una función ya conocida. Los tres, en efecto, ya han estudiado a Marx, lo comprenden, piensan con sus categorías y por ello lo utilizan para entender a Lacan.

En Althusser, Miller y Goux, Marx precede a Lacan y participa en su lectura y la predetermina. Digamos que Lacan es leído por Marx en la medida en que el saber de Marx opera a través de Althusser, Miller y Goux. Si hay un Lacan de estos autores, es también un Lacan de Marx, un Lacan de lo que hay de Marx en ellos.

Lacan de Marx

La noción de un Lacan de Marx deja de ser puramente imaginaria en autores como Althusser, Miller y Goux, y posteriormente Alain Badiou, Slavoj Žižek y muchos otros. En estos autores, la teoría marxiana sobredetermina los conceptos lacanianos, los cuales, por lo tanto, son de Marx y no sólo de Lacan. Ahora bien, ¿acaso no sucede ya lo mismo en Lacan aún antes de ser leído por autores provenientes de la tradición marxista?

Al igual que Althusser, Miller y Goux, Lacan parte de conceptos marxianos para dar sentido a sus propios conceptos lacanianos. Lacan recurre así, por ejemplo, al materialismo dialéctico para entender la materialidad del significante, al plusvalor para entender el objeto a y a la economía política para entender la economía libidinal, disociándola de la termodinámica freudiana. En los tres casos, los significantes lacanianos están siendo internamente sobredeterminados por significantes marxianos que Lacan asimiló desde que empezó a leer a Marx, muy pronto, ya en su época de estudiante.

Leyendo a Marx, Lacan asimila sus significantes y con ellos incorpora su lógica. También adopta sus estilos argumentativos y de alguna manera cae bajo su influencia. Entre los frutos de esta influencia, están los ya mencionados, el significante, el plus-de-gozar y cierta comprensión de la economía libidinal, pero también una concepción peculiar del síntoma, el principio de inexistencia del metalenguaje y los cuatro discursos junto con el discurso capitalista. Estos conceptos son de Lacan, pero también de Marx, pues no existirían sin Marx, habiendo sido conceptualizados con lo que Marx heredó a la teoría lacaniana, con lo que hay de Marx en Lacan.

Hay mucho de Marx en Lacan tal como también hay mucho de Lacan en su Marx. Por lo tanto, así como tenemos derecho de hablar de un Marx de Lacan, de igual modo tenemos derecho de hablar de un Lacan de Marx. Este Lacan se despliega en la teoría lacaniana después de haberse constituido en su lectura de Marx.

Leyendo a Marx, Lacan no sólo se lo apropia y lo transfigura, sino que también se deja poseer y transformar por él. Digamos que Lacan no sale indemne de su lectura de Marx. Esta lectura engendra no sólo a un Marx de Lacan, sino a un Lacan de Marx, un Lacan heredero de Marx, un Lacan habitado por Marx, un Lacan a través del cual Marx puede seguir viviendo simbólicamente.

Lo que llamo “Lacan de Marx” es Lacan poseído por Marx, vehiculando a Marx, bajo la influencia de Marx. Se trata de un Lacan modificado por Marx, convertido en otro Lacan, uno que no habría existido si no hubiera leído a Marx. Este Lacan de Marx es lo que resulta del impacto de Marx en Lacan. Es el efecto de la incidencia de las ideas marxianas en el desarrollo de la teoría lacaniana, una influencia generalmente desconocida por los actuales psicoanalistas seguidores de Lacan, pero no por la mayor parte de los participantes en el vocabulario que nos convoca el día de hoy.